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Carta a mi Tiky



  Un concurso de cartas. ¿A quién le puedo dirigir una carta?



¿A quién más? A Oriana.



Sé que nunca la leerás, tan solo me escucharás y quizás no la entenderás. Pero eso no es lo verdaderamente importante.



Tú gozas de un espíritu sano y vibrante que reconoce los sentimientos más sinceros. Lo sientes así porque de ti todo lo que brota es intenso, profundo y libre de toda mala intención. Eres el ser más impoluto que conozco y que me acompaña desde hace 17 años. Tu sí sabes que es amor aunque no puedas explicarlo con palabras. ¡Pero qué importa eso! Esas cosas tan intangibles solo se pueden describir con hechos y no con una retahíla de palabras rimbombantes. Esa tarea es para los poetas. Con tus manifestaciones naturales de amor, haces que los hechos digan mucho más.



La verdad no recuerdo cuál fue mi reacción cuando mi madre me dijo que serías una "niña especial", y que en consecuencia necesitarías otro tipo de cuidados. Apenas tenía cuatro años, sin embargo, mamá me cuenta que siempre lo supe llevar y que me hizo madurar más rápido.



Recuerdo claramente que te defendía de quienes osaban burlarse de ti. Solo eran niños, pero yo no entendía el porqué ellos no podían entender lo que yo sí, incluso siendo tan niña como ellos.  ¿Te has dado cuenta que cuando salimos a la calle mucha gente nos ve? No, seguro que no te das cuenta. No tienes consciencia de eso, no notas las miradas, ni los comentarios que en vano intentan decir con disimulo en el oído del compañero. ¿Pero sabes qué? Yo también los ignoro, porque provienen del desconocimiento, de la ignorancia. Resulta divertido y a veces molesto ver como los niños se refieren a ti: "Mamá, ¿y ella por qué es así?" o sino "esa niña tan grandota no sabe hablar". Muchas veces en esos momentos deseo ser chiquita, así como uno de ellos y saber en retrospectiva cómo te hubiese visto yo si no hubieses sido mi hermana.



Aunque eso no puede ser, sí recuerdo cómo te veía desde mi rol como hermana mayor. Yo, tan pequeña, entendía que tenías una condición especial y tenía claro que siempre te defendería de quien no entendiera eso. No iba a permitir que fueses objeto de burla. Y hoy en día, te defiendo a ti y a todos con necesidades especiales.



Para los niños y hasta para algunos adultos eres "esa niña rara y grande que no sabe hablar". ¿Para mi? Eres mi hermana menor, mi gorda hermosa consentida que sabe hablar a su modo y que orgullosamente entiendo.



Todo lo que haces, lo ejecutas con el corazón, pese a que desconoces que quiere decir eso. Vives la vida como tus capacidades te lo permiten. Disfrutas de las cosas más sencillas de la vida y eres igual o más humana que muchos de nosotros. Exploras el mundo a tu modo: ríes cuando ocurre algo gracioso, bailas cualquier tipo de música, besas cuando quieres y a quien quieres; incluso si no lo conoces. Hablas a tu modo. Comes cuánto te apetece. Amas a quienes te aman. Suena simple, ¿no? así es como haces ver la vida.



Te voy a confesar varias cosas en esta carta. La número uno es que no me gusta verte crecer, cada 22 de febrero siento una sensación de angustia y enfado, porque dejas de ser la niña chiquita. Y, además físicamente te haces una pequeña mujer. Aunque por dentro, en esa mentecita eres la misma bebé de siempre, con destellos de rebeldía que forman parte de tu etapa de la pubertad que estás atravesando. El hecho de crecer, significa que te vuelves poco a poco más desprendida y eso me aterra porque no quiero que dejes de ser un chiclecito que besa y abraza a cada instante.



La otra cosa es que me encanta que aprendas y ejecutes acciones solas, sin ningún tipo de ayuda. Cada vez que aprendes algo nuevo en casa, como por ejemplo, servirte agua sola; siento un orgullo inmenso, me sorprendes y te superas a ti misma. Otra confesión es que amo bailar contigo. Apuesto a que disfrutas tanto como yo esos momentos a solas en casa con música a todo volumen bailando por todos lados, inventando pasos. Tus risas y abrazos de felicidad me llenan el espíritu.



La última es que me siento infinitamente bendecida y afortunada de tener una hermana como tú. Eres única y especial, en todo el sentido de la palabra. Explicarle tu condición a quienes se interesan en ti, lo que sabes hacer, lo que no, lo que dices, lo que te gusta y lo que no; me hace sentir tan especial como tú, porque pocos tienen la dicha de compartir con un angelito real.



Mi Tiky, tú eres inspiración y motivación. Eres la fuerza de cohesión de la familia. Tu condición especial te libra de todos los vicios que nosotros conocemos; desconoces la mentira, la falsedad, el engaño, la soberbia, el orgullo, no sabes juzgar, ignoras las ofensas. Sencillamente no conoces lo tóxico y asfixiante que es el mundo y la gente pueden llegar a ser. Tan sólo sabes manifestar el más tierno amor, no en vano, mi padre dice que eres un “corazón con paticas”. Te arropa una inocencia que estoy segura que jamás se marchará de tu mirar; permanecerá contigo hasta el fin de los días. Esa ternura que invade cada parte de ti me desploma todos los días y sé que nada podrá cambiar eso.



Quiero que sepas que compañeras como tú no las hay. Tenerte me hace una hermana especial. Eres y serás mi hermana menor, a quien más amo. A quien más beso y abrazo. La que recibe todo mi amor y cariño que brota espontáneamente porque así tú lo despiertas.



Creo en que la palabra escrita inmortaliza los pensamientos y sentimientos, en esta oportunidad serán los que en esta carta he escrito por y para ti.



Oriana, gracias por hacerme la hermana más feliz y orgullosa de todas. Yo te amo.



Publicado el 23/02/2013