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Unas Medias con Alpiste


Papá:

Yo vine por usted y en el camino encontré un rosario de hijas tristes. Es como mirarme en espejos extraños. Una tiene mis labios, otra mis manos, alguna mis gestos y todas este idéntico aroma nocturno. Despierte pronto. Quiero ver sus ojos y confirmar lo que me han dicho, que son iguales a los míos: verde agua,  verde condena, verde “a quién saliste tú”. Quiero decirle unas palabras y que usted me diga otras, aunque sean pocas e imprecisas. Quiero abrazarlo así como he vivido, desprovista de usted  y de sus recuerdos, para saber qué se siente y si no siento nada, dejar escapar el tiempo no resuelto como escapa este puñado de alpiste entre mis dedos.

***

Si nos vieras papá,  sembradas en el pasillo, medio nerviosas y medio parecidas, formando un círculo inédito de “medias hermanas”. Imagino tu rostro asomándose a través del cristal para sonrojarse o palidecer, deseando quizá no haber reaccionado y avergonzado por el genial descuido de no habernos presentado. Este momento iba a llegar, si no era aquí iba a ser en tu entierro. Tranquilo papá, ya nos conocimos, fue una conmoción pasajera frente a esta puerta insensible. Puras mujeres, como penitencia a tus andanzas: Legítimas, naturales, ocultas, insospechadas, reconocidas o no, aquí estamos juntas, obra del magnetismo sanguíneo, cuidando que  la  tela no quede ni  muy tensa ni muy floja,  para aliviarte los puntos de presión.

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Valió la pena pá, salir del anonimato. Tanto amor  clandestino hizo que varias veces me confundieran con tu amante; sin papeles ni apellido tú has sido lo más constante en esta carrera loca donde me niego a mí misma para seguir siendo tu cómplice. Tenía que estar aquí, sin careta, incondicional en la hora más amarga. Los días pasan y la esperanza no se asoma.  Le he pedido a Dios y a todos los Santos, he prometido lo posible y lo imposible, mientras los médicos hacen esfuerzos heroicos por mantenerte con vida y sacarte de esa cama que te consume. No quiero que sufras ni que se llague tu cuerpo... con un pequeño nudo ato el trozo de pantimedia y con uno más grande mi garganta, para no llorar.

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Sal de ahí papi, ¿Por qué no te curas de una buena vez?  No soporto los sonidos de esos aparatos, ni las conjeturas absurdas de cómo llegaste a ese estado, siendo un hombre tan sano.  Tú  sabes que si te mueres me muero yo detrás de ti. El vigilante me dijo que no me acercara a la ventana, porque no sería yo la primera que se lanza después de un “Hicimos lo que pudimos, pero…”  Yo lo que quiero es regresar contigo a casa sin pedirte explicaciones,  desechar el orgullo junto con mi estatus de hija única y olvidar lo ridícula que me sentí rellenando almohadillas con las que se supone son mis hermanas. Todo te lo perdono papi y seré capaz de quererlas, con tal que vivas y no me dejes.

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Viejo, solo dejan pasar una persona a la vez.  Voy a colocarte unas medias con alpiste debajo del cuerpo para evitar que te salgan escaras, las hicimos entre todas mientras rezábamos un Padre Nuestro, tan nuestro como tú.  Más que de semillas están repletas de amor… ¿No es maravilloso? Si puedes escucharme, lucha viejo, te estamos esperando.

 

Tu hija.

Cualquiera de ellas.

Publicado el 21/02/2015
Karen Zambrano
Barquisimeto Venezuela
Creo en la amistad verdadera, en el recuerdo agridulce y en que el espíritu permanece intacto a través de los años...